martes, 3 de enero de 2017

SE LLAMABA ALIATAR EN ASTORIA 21



(Imagen de Astoria 21)

Fragmentos de “Se llamaba Aliatar”, publicado en 2015 en la antología Relatos en 35 mm (editorial El Sendero).


«Se llamaba Aliatar y estaba al final de un callejón sin salida. La entrada tenía forma de gran pantalla y la taquilla estaba al principio de las escaleras, anchas y de mármol color crema. Sus butacas eran duras e incómodas y crujían al sentarse. Tenían el tapizado raído en los apoyabrazos de color corinto, el mismo de los asientos, las paredes y las cortinas de terciopelo. Olía a oscuridad, polvo y avellanas. Me acuerdo de cómo descorrían las cortinas con lentitud tras apagar las luces. Antes de la película había que tragarse el NODO, en el que salían imágenes de inauguraciones de presas y premios a la natalidad entregados a familias numerosas, que aparecían con toda su prole, repeinados y sonrientes, alineados de mayor a menor. En los silencios se oía el crujir de las cáscaras de avellanas como el eco del croar de las ranas en una charca, que, a modo de onda expansiva, iba recorriendo toda la sala. Entonces no vendían palomitas ni refrescos, solo las avellanas saladas de Pedro, el Avellanero, que ofrecía por tres duros el paquete» (...)

Imagen  hallada en Pinterest.
«Aquella noche ardió el cine. Me sentí sola, completamente sola, y no pude librarme de ese sentimiento de soledad hasta mucho tiempo después. No volví a entrar en una sala de cine durante años. Llegué a olvidar la magia del cine y aquella sensación de soñar otros sueños, aunque solo fuera por unas horas».


Si os apetece leer más en Astoria 21 encontraréis más fragmentos del relato y  está completo en el libro Relatos en 35mm.

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