lunes, 25 de febrero de 2013

Arco iris







Tener miedo de tus propias palabras, de escribirlas, decirlas, pensarlas incluso. Del daño que te pueden hacer, tanto si las pronuncias como si las callas como si fueran los bordes de una botella rota apuntándote a la yugular.
Vivir rodeada de una situación que supera cualquier fantasía, donde conviven la mentira y la falsedad y no paran de amontonarse. No saber qué hacer. No tener ni idea de cómo combatir esa realidad que te va engullendo, que hace que hoy tengas trabajo y mañana no, que cada vez todo sea más precario, más intolerables las condiciones.
Enroscarse como un caracol dentro de su concha, sin querer escuchar ni hablar, cada vez más ahogada en el mutismo. 
Mirar el paisaje, ese arco iris que convive lleno de colores, con la lluvia y el sol.  Pensar que tal vez aún hay esperanza, que el ser humano se reinventa en las situaciones más inverosímiles, que aguanta el chaparrón como la mujer del paraguas y sigue para adelante con sus pequeños pasos...




viernes, 11 de enero de 2013

Libros que no pude soportar



                                     (imagen de Internet)

Por lo general solo hago reseñas y hablo de los libros que he leído y me han gustado. Nunca suelo ser crítica con los que he dejado a medio leer o no he podido con ellos desde las primeras páginas, por respeto al escritor o escritora y a los lectores que sé que les ha gustado y porque puede ser problema mío que en ese momento no sea el adecuado para leer ese libro.

Pero hoy voy a hacer una excepción y os voy a contar con los que no he podido.

1. El cementerio de Praga de Umberto Eco, leí hasta la página ciento y pico pero no podía con él, sé que es un buen escritor, una novela de peso, pero no me apeteció seguir leyéndola, me resultaba pesada que daba vueltas a lo mismo sin avanzar o igual no capté el sentido del humor o la trama, no lo sé pero la devolví sin terminar. Sin embargo leí Baudolino hace unos años y aunque se me hizo pesado me gustó.

2. La conquista de Cortés, de Matilde Asensi. Lo teníamos para el club de lectura, incluso habían invitado a la autora que por cierto es muy cercana y simpática. Incluso a algunas lectoras conocidas  les habían encantado los tres libros. Este se me atragantó en el primer capítulo, no sé si por el lenguaje que utiliza (sé muy bien que es complicado para una novela histórica) porque no me creía la acción o el personaje, porque no había leído los dos anteriores o porque en ese momento necesitaba leer otro tipo de libro. Pero no pude con él.

3. La grieta, de Doris Lesing, este la verdad es que lo leí entero porque era una propuesta para comentar en un taller, pero es de esos que paso las páginas esperando que ocurra algo, sobre todo era que contaba y contaba y no mostraba. Se me hizo pesadísimo. Sin embargo Diario de una buena vecina me gustó muchísimo y Alfred y Émily de la misma autora también me gustó.

4. Las cincuenta sombras de Grey de E.L. James. Este me lo habían recomendado mucho, había leído la publicidad como un fenómeno entre mujeres. Empecé a leerlo y me recordó las novelas de jazmín: el chico rico, guapo, creído, y la chica que cae rendida a sus  pies en un amor pasional pero claro esta vez contado sin pelos en la lengua. No digo que no sea una lectura entretenida, que lo es. Y creo que es estupendo que muchas personas que no leían estén leyendo, que sea super-ventas y todo eso está muy bien. Pero lo dejé en la doscientas y pico, así que intentarlo lo intenté.

5. No me cuentes tu vida, de Luis García Montero. No suelo comprarme libros gordos porque suelo leer en cualquier parte y son pesados para llevarlos encima, pero como el anterior de Luis García Montero me gustó tanto (Otra forma de resistencia) me compré este sin ojearlo primero. Gran error. De entrada le encontré lo que más rabia me da en un libro (y se lo comenté al propio autor en la presentación)  los copia y pega de la enciclopedia sobre la biografía de los personajes. También me dio la sensación de que me estaban aleccionando o algo parecido. No me da pena gastarme el dinero en un libro que me gusta, que me llena al leerlo, ahora me siento estafada  por el propio autor o la editorial si lo que me venden es un producto y no literatura. Apenas he llegado a la página cien, pero es que con tanta paja y tanto rodeo no puedo. Ya sé que de los actos Institucionales y de la Editorial Planeta no puedo fiarme, aunque los autores sean buenos.




jueves, 10 de enero de 2013

Empezar de nuevo



"Escribo porque escribir es otra manera de hacer el amor, de llenar el silencio con tus propios fantasmas. No sé, no sé nada."

Del libro Una visión del Jardín, de José Antonio Garriga Vela.

Así empiezo el año, leyendo a este autor del que cada vez es más complicado encontrar sus libros. Incluso hay que recurrir a librerías de segunda mano. No lo entiendo, pese a ser unos de los buenos o mejores, sus libros están agotados, descatalogados.

Espero retomar la escritura, el blog y todo lo que dejé de lado el año pasado por falta de tiempo. Leí y trabajé mucho, con horario a jornada partida y lejos.

Mientras iba al trabajo en el autobús se podría decir que devoraba libros. Algunos me han gustado mucho, me hacían perder la noción del tiempo.

Os dejo una pequeña lista, no pude hacer lar reseña por falta de tiempo, el maldito tiempo que se escapa como el aire:

De Andrés Neuman:
Hablar solos

De Clara Obligado:
El libro de los viajes equivocados

De Milan Kundera:
La insoportable levedad del Ser
La inmortalidad
El libro de los amores ridículos

De Iréne Némirovsky:
Suite francesa
El vino de la soledad

De Enrique Vila-Matas:
Hijos sin hijos
Bartlebys y compañía

De Ian-MacEwan:
 Expiación

De Ernesto Sábato:
El túnel

De Luis Landero:
Absolución

P.D: La máquina de escribir de la foto funciona y me encanta.  Es un regalo de mis queridos amigos Inmaculada Reina y su marido Fernando Ugarte. Gracias mil.








lunes, 19 de noviembre de 2012

Vive como puedas, Joaquín Berges



«Una vez leí que el cerebro humano sólo es capaz de memorizar el diez por ciento de lo que lee, aunque no estoy muy seguro de lo que digo porque sólo recuerdo el diez por ciento de esa lectura. Tal vez por eso necesito escribir un diario. Porque si el cerebro humano sólo recuerda el diez por ciento de lo que lee, no quiero pensar cuál es el porcentaje que recuerda delo que vive.»

Así empieza la novela Vive como puedas de Joaquín Berges, una historia divertida, tierna y emotiva a la vez. No es fácil sacar una sonrisa al lector mientras lee sin perder intensidad, pero Joaquín  consigue  que el lector vaya sintiendo emociones dispares, admiración por la pequeña filósofa Valle, perplejidad ante las preguntas enrevesadas del hijo pequeño Éverest, impaciencia ante la obsesión por lo saludable de Sandra, cariño por el payaso Dumbo, admiración frente a la entereza de su  ex mujer, Carmen,  complicidad con su vecino Carles y simpatía por el protagonista, Luis.

Según Carles, la felicidad es una relación de equilibrio entre las sustancias que regulan el coco, una fórmula mágica y secreta, como la de la coca-cola, que se alimenta de nuestros recuerdos, vivencias y esperanzas.


Utiliza narrador en primera persona que escribe el diario, y otro en tercera, omnisciente que se van intercalando. Este juego de narradores me descolocó un poco al empezar la lectura pero después lo asimilé sin problema. Tiene unos diálogos divertidos, y hace que se pase el tiempo volando mientras se lee. Un lenguaje sencillo y directo que va hilvanando reflexiones entre situaciones hilarantes.

Nada hay más inquietante para un cónyuge que tratar de imaginar lo que se esconde tras el silencio de su pareja.

Joaquín Berges  nació en Zaragoza en 1965. Es licenciado en filología hispánica por la universidad de su ciudad. Se dio a conocer con El club de los estrellados, su primera novela en la que unos personajes peculiares crean una trama desconcertante. Su última novela editada "Un estado de malestar".




domingo, 7 de octubre de 2012

Cinco horas con Mario, Miguel Delibes




Cinco horas con Mario, Miguel Delibes


Contaba Miguel Delibes que empezó a escribir su novela con Mario como protagonista principal con un narrador en tercera persona.  Cuando llevaba un montón de páginas se dio cuenta que no funcionaba esa voz, tampoco podía escribirla en primera persona, entonces pensó hacer un experimento narrativo. Utilizaría la voz de Carmen Sotillo, en un monólogo dialogado con su difunto marido, al que le lanza preguntas sin respuesta posible, mientras relata episodios de su vida en común dejando ver su enorme frustración como mujer durante los veintitrés años de matrimonio,  muestra la personalidad de su marido, un hombre cuyas ideas progresistas, impropias de la clase a que pertenece, le parecen totalmente equivocadas y cuyas preocupaciones éticas de moralidad pública y justicia social no comparte ni comprende.

Delibes lleva a cabo una proeza narrativa al dar vida simultáneamente a los dos personajes de la novela a través del monólogo.  Por un lado está Mario, a quien la viuda se dirige como si viviese todavía, en  un íntimo soliloquio por medio del cual habla mentalmente con un interlocutor pese a que ya no podrá responder. Por otra a Carmen, dolorida y patética imagen de una mujer frustrada por el fracaso de su matrimonio, caracterizado por la insatisfacción sexual y la incomunicación sentimental, que no le ha impedido ser madre de cinco hijos. Y víctima al propio tiempo, de la absoluta incompatibilidad de caracteres que la ha distanciado de un marido del que ya no parece estar enamorada, ante el cual muestra un evidente complejo de inferioridad, pero de cuya conducta personal y  humana se siente profundamente avergonzada. 
A través del largo monólogo interior de Carmen,  repetitivo, incoherente y deshilvanado, cuya ininterrumpida enumeración de quejas y agravios revela  la existencia de unas preocupaciones recurrentes y obsesivas. Lo llama: zascandil, zoquete, adoquín, haragán, botarate, tonto de capirote, pedazo de alcornoque…
Y es que, a pesar de la intención deliberada del autor, que se ha propuesto hacer de Carmen un personaje francamente odioso y negativo, la verdad  humana que encierra, su arrolladora vitalidad, y su fisonomía inconfundible de personaje típico, perfecto exponente de las ideas y creencias tradicionales, vigentes en un determinado momento histórico dentro de la clase social a que pertenece, la han convertido en uno de los caracteres más logrados y certeros de la novelística española de postguerra. Por sorprendente y extraño que parezca, el secreto de este logro estriba en que el autor, consciente de haber cargado excesivamente la mano al perfilar los rasgos negativos que caracterizan a ese personaje, se ha esforzado al propio tiempo en mostrar las causas que determinan y justifican la mayor parte de sus reacciones negativas, para que podamos comprenderle.
Desde el punto de vista humano, se trata de una mujer buena y honesta, que ha sacrificado su vida entera a sus obligaciones de ama de casa y madre de familia. Una mujer reprimida e insatisfecha en sus aspiraciones económicas y en sus deseos de figurar socialmente, que se ha mantenido siempre fiel a sus deberes de esposa, pese a la apatía sexual que le reprocha con insistencia a su marido y a los frecuentes requerimientos de que ha sido objeto por su llamativa belleza física. Mujer inculta por falta de una instrucción adecuada, que oculta su profunda ignorancia bajo el superficial barniz de distinción de una niña bien y sus buenos modales de señorita.
Carmen Sotillo acapara la atención del lector y convierte su frustración humana y social de casada quejosa e insatisfecha en el tema principal del relato. Apareciendo como la víctima de un matrimonio desigual y equivocado, entre personas pertenecientes a una misma clase social, pero educadas en distintos ambientes y adscritas a ideologías contrapuestas y antagónicas, correspondientes a los dos bandos en pugna durante la guerra civil.

Como bien dijo el propio Delibes:

“En la historia de Menchu y Mario hay sucesivos enriquecimientos, pero escasos progresos. Es una historia varada; no anda. Yo podía haberla dejando en la mitad o haber seguido hasta el infinito”


Fragmento capítulo XXIV:

“Y no creo que ande mal de los nervios por eso, cabeza dura, que muchísimas veces pienso que tú estabas bien cuando estabas mal, y mal cuando estabas bien,  aunque parezca un despropósito. Los nervios, los nervios..., Los nervios salen a relucir cuando se está demasiado bien,  eso, cuando uno tiene todo resuelto y vive sin preocupaciones. Entonces salen los nervios y todo lo que tiene que salir, que no sé a santo de qué esa perra…”

Introducción de Antonio Vilanova.