"El vicio de la lectura", un librito de 46 páginas. En él Edith Wharton (1826-1937) una de las novelistas más prestigiosas de la lengua inglesa plantea la idea paradójica de que la masificación de la lectura ha producido un tipo de lector “El lector mecánico” que es nocivo para el desarrollo de una literatura de calidad. Su argumentación en defensa de esta idea no puede dejar de atraer a todos los que aman la lectura y se interesan por la cultura en general.
“El valor de los libros es proporcional a lo que podemos llamar su plasticidad: su cualidad de ser todas las cosas para todos los hombres, de ser modelados diversamente por el impacto de formas nuevas de pensamiento. Cuando por una u otra razón, esta adaptibilidad recíproca está ausente, no puede haber ninguan relación real entre el libro y el lector. En este sentido se puede decir que no existe un criterio abstracto de valores en la literatura: los libros más grandes que se han escrito sólo valen para cada lector lo que éste puede sacar de ellos. Los mejores libros son aquellos de los que los mejores lectores han podido extraer la mayor cantidad de pensamiento de la mejor calidad…”
“Para el lector mecánico, los libros, una vez leídos, no son cosas que crecen, echan raíces y tiene ramas que se entrelazan, sino que son como fósiles etiquetados y guardados en los cajones del armario de un geólogo; o mejor dicho, como prisioneros condenados de por vida a un confinamiento solitario. Para una mentalidad de este tipo, los libros nunca hablan entre sí”.
Esta autora me ha hecho pensar. Creo que hay muchos tipos de lectores, igual que hay muchos tipos de literatura, y que depende del momento en que se está apetece algo profundo o algo ligero. Un libro que en un momento de la vida somos incapaces de leerlo en otro nos puede fascinar. Creo que el lector evoluciona a medida que aumenta sus lecturas. Y estoy de acuerdo que unos libros llevan a otros.
En todo caso, estoy a favor de la lectura, ya sea como vicio, afición o adicción. De forma mecánica, automática, compresiva, pero siempre que sea vivida y sentida.